No hay ni un amor que valga la pena
A veces parece que no hay ni un solo amor que valga la pena,
todos los corazones arrastran silencios; silencios que me
callan si quiero gritar,
todos los corazones arrastran temores; temores que me matan
de miedo si me quiero acercar.
A veces parece que no hay ni un solo amor que no venga
herido de guerra,
todos los corazones arrastran heridas; heridas que hieren al
fondo si les toco,
todos los corazones arrastran dolores; dolores que me dañan
por quererlos amar.
No hay ni un solo amor; sólo hay silencio y espera, espera
que suena como un reloj lleno de arena,
y la arena se transforma en desiertos y me cubre todo el
cuerpo; me pone enfrente una pared que nadie atraviesa.
No hay ni un solo amor y yo no quiero pasados llenos de
deudas; corazones con desconfianzas, envueltos en tempestad.
Solo un amor que esté colmado de serenidad; un amor que sea
inmenso, sin heridas abiertas, sin medida y atinado, que se ame y sea fuerte; más fuerte que el mar.
Pero a veces parece que no hay ni un solo amor que valga la
pena, que no hay ni uno solo que esté libre de penas,
todos los corazones arrastran problemas; problemas que me colman la
cabeza y me hacen gritar.
Todos los corazones arrastran carencias; carencias que se
transforman en vacíos que pretenden llenar amando y que así me vacían
a mí,
todos los corazones arrastran condenas; condenas que me
condenan a mí por querer asomarme ahí.
Y yo no quiero un amor que me de más guerras, pero
si uno que me dé un descanso, que no busque salidas y si busque certezas,
que me vea de frente y no me empuje detrás.
Un amor que esté satisfecho, que no quiera siempre más, que
no me cueste la vida, yo no busco imposibles, ni cosas perfectas; solo un
amor que sepa amar.
Y no quiero un amor para decir que vale la pena; mas bien uno que me haga gritar que vale la paz...
Comentarios
Publicar un comentario