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Preferí hacerte poema

Podría  hablar de ti a todas horas, incluso cuando duermo y hablo dormida, no sé qué digo, pero estoy segura que hablo de ti y que digo tu nombre. Podría mirarte toda mi vida, perder mi alma en tus ojos, vagar por tu boca y quedarme atrapada en su curva sin pretender salir, correr por tu cuerpo, como quién corre buscando llegar a la luna, y darte mis ojos para que te veas en ellos y puedas ver cómo se ve el amor. Podría besarte sin parar, hasta que nuestras bocas se vuelvan una y no sepamos diferenciar si estamos riendo o nos estamos besando, hasta que mi boca aprenda que besarte es como sentir el universo en la lengua. Podría tocarte una y otra vez, extinguiendo mis manos en ti, extinguiéndote a ti y convirtiéndote en el fuego que sale en las noches, aprenderme tu cuerpo de memoria y saber con mis manos cuánto mide tu risa. Podría amarte con las partículas que me conforman, estarías ahí en cada rincón infinito, en mis venas y en mi sangre, en mi piel y en mis huesos, e...

Hay llamas que no se apagan ni con el Mar

Que ya te has ido y yo me he ido también, pero aquel lugar ahí sigue, en el mismo sitio. Que las palabras que dijiste se han ido y las que yo dije también, pero esos poemas que te escribí ahí están, en el mismo cuaderno. Que las caricias se te han extinguido en las manos y a mí también, pero el amor que hicimos conserva su fantasma ahí, en ese cuarto. Que tú querías unión y yo mi ansiada libertad, pero míranos ahora, lo que nos une es nuestra amiga la soledad. Que los años que compartimos hoy parecen segundos, pero que en segundos, una historia puede volverse inmortal.

La poesía de mi ignorancia

Creo que necesito una guía de superviviencia,  que me diga cómo vivir, qué hacer, qué sentir, porque hay tantas cosas que no sé,  que a veces me parece irreal seguir aquí. No sé dar el primer paso, ni besar primero; mucho menos ser la primera en hablar, no sé rezar, probablemente tampoco bailar y cuando se trata de mentir soy la mejor en hacer reír. No me sé ninguna fórmula matemática, ni los ríos que hay en Alaska,  no sé lo que piensan las mujeres, y eso que yo soy parte de ahí. No sé tocar la guitarra, tampoco sé hablar alemán, no sé no dejar todo para mañana, ni dejar de sentir así como un huracán. Si quieres alguien que no sepa, mírame a mí, yo no sé nadar; puedo ahogarme en mi ignorancia, porque yo solo sé que no sé nada. No sé cuando desistir, no sé cuando no huir, no sé nada de la cocina, no sé mucho de química, y a veces tampoco ni siquiera sé que versos escribir. Ya no sé beber; me emborracho con dos cervezas,  y al siguiente día me duele la cabeza, tamp...

No hay ni un amor que valga la pena

A veces parece que no hay ni un solo amor que valga la pena,  todos los corazones arrastran silencios; silencios que me callan si quiero gritar,  todos los corazones arrastran temores; temores que me matan de miedo si me quiero acercar.  A veces parece que no hay ni un solo amor que no venga herido de guerra,  todos los corazones arrastran heridas; heridas que hieren al fondo si les toco,  todos los corazones arrastran dolores; dolores que me dañan por quererlos amar.  No hay ni un solo amor; sólo hay silencio y espera, espera que suena como un reloj lleno de arena,  y la arena se transforma en desiertos y me cubre todo el cuerpo; me pone enfrente una pared que nadie atraviesa.  No hay ni un solo amor y yo no quiero pasados llenos de deudas; corazones con desconfianzas, envueltos en tempestad.  Solo un amor que esté colmado de serenidad; un amor que sea inmenso, sin heridas abiertas, sin medida y atinado, que se ame y sea...

Una vez que te caes y te rompes...

Supongo que una vez que te caes y te rompes, la vida parece diferente. Es como si algo cambiara por completo, aunque en el exterior todo siga igual y observas a las personas; sus mismas palabras, sus mismos actos, sus mismas formas de actuar, hasta su misma manera de caminar. Y parece que no se dan cuenta, no se dan cuenta que la vida no se trata de seguir igual, no se dan cuenta que la vida es para cambiar. Y recuerdas cuando eras igual, cuando te aferrabas a las cosas, a las personas, a sus ojos, a ella, cuando no querías cambiar, porque el cambio te daba miedo,  porque pensabas que era mejor lo que ya conocías y no lo que era desconocido, pero entonces te caíste y te rompiste y la vida te cambió. Y ya no te aferras, ya no te apegas, ya vives, ya cambias, ya lo dejas pasar. Creo que, después de caerme yo ya no soy la misma; ya ni siquiera pienso igual.

Huracán

Si quieres nos encontramos y lo llamamos casualidad, Si quieres nos miramos y le llamamos magia, Si quieres nos besamos y le llamamos huracán.